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5.38. Volar.

Por Rocko Cólico.

Volar es solo para pájaros, era el nombre de una extraña película de Robert Altmann.

No todos están de acuerdos.

Algunos aprendemos a volar en ciertos momentos y solo para algunas ocasiones muy especiales.

Otros viven volando.

Algunos se pierden casi toda la vida dando pequeños saltitos, pensando que ya están para volar.

Olvidan que hay que cumplir paso a paso cada etapa del crecimiento para poder satisfacerse plenamente en la próxima estación de vida.

Cuando una persona es especial y no se da cuenta, es un pecado

Todos somos especiales.

Pero todos nos creemos especiales.

Ella no.

Es más.

Ni siquiera se imaginaba lo especial que era.

Su forma de llevar su alma por la vida, la había hecho una mina difícil.

Se sentía desencajada, muchas veces vacía y hasta sola.

Nada que todos nosotros (el resto de los mortales bípedos) no hayamos sentido alguna vez.

Pero a ella la hacia sentir ahogada.

Era como una mano apretando su cuello.

Un vacío infinito en su cama y un olor lejano a placer insatisfecho.

Quizás sea una visión muy parcial, pero es su forma de verse, es la imagen de su propio espejo.

Cada fin de semana al llegar su hombre, reviven sus deseos, sus virtudes y en especial ese inconformismo que la aqueja.

Y cada domingo al terminar su compañía, se queda vacía de total vacío.

Como si lo hecho, lo disfrutado, lo sentido, le dejaran un hueco en su interior imposible de volver a intentar llenarse.

Ese lento deambular entre un fin de semana y el otro, le están consumiendo ese loco amor que sentía y lo que es peor no le permite liberarse de él, para ir en una bellísima carrera en busca del próximo.

Se siente atada.

Esta atada.

Y no encuentra las puntas, ni los nudos, que le permita accionar la maquinaria que la libere.

Cortar, romper, quebrar, ese abrazo de oso que la aprisiona.

Siquiera pudiera disfrutar ciegamente los buenos momentos, pero no.

El saber el después, es matar el hoy.

Sin futuro no se permite un presente.

Y lo que le sucede, después le repercute.

Por delante de sus ojos, otros hombres se han cruzado buscando su mirada infructuosamente.

Las oportunidades mejores se han escurrido sin enterarse.

Solo el terminar, el agotar los términos que le permitirán volver a sus objetivos.

Y ahí hablaremos nuevamente.

Será especial y a consciencia.

Quizás al llegar a su meta, esa que la lleve a volar literalmente, encuentre mirando al horizonte, un reflejo, una luz, una sombra, una figura que la lleve hacia la paz.

Esa paz interior, que necesita, que reclama, que añora, que merece, para poder gozar de cuerpo entero los placeres que quiera.

Esa paz que la ponga en situación y le grite que no necesitaba volar para ser feliz.

Solo debía querer.

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